Proceso de Beatificación de Doña Dorotea de Chopitea

El proceso de Beatificación de doña Dorotea de Chopitea se inició en 1927.

El lunes 4 de abril de 1927, en la capilla de Nuestra Señora de Montserrat, del Palacio Episcopal de Barcelona, presidiendo el eminente prelado diocesano Excmo e Ilmo Doctor Don José Miralles Sbert, se constituyó el tribunal que habría de informar de la fama de las virtudes, santidad y milagros de doña Dorotea de Chopitea.

Fue declarada Venerable por el Papa Juan Pablo II el 9 de junio de 1983.

En la actualidad, su vida está en estudio para su próxima beatificación.

El postulador Luigi Fiora, ya fallecido, dijo un día al salesiano e historiador Ramon Alberdi: “Ramon, tú no sabes las ganas que tiene la curia romana de beatificar a Dorotea para presentar ante todo el mundo a una mujer como ella, esposa, madre de familia, que dedicó sus bienes para la causa del Reino de Dios y de los pobres”. Alberdi forma parte del grupo de creyentes que desean que los barceloneses conozcan a “este tesoro de la ciudad que es Dorotea, mujer emblemática para los cristianos y también para todos los humanistas”. Sueña que “la gente se encomiende a ella y que Dios sea glorificado en su hija Dorotea que tanto hizo en su vida para los demás”.

Singularidades de su carácter de santidad:

  1. Laica, esposa y madre de familia.
  2. Profunda, seria y continuada formación espiritual.
  3. Autenticidad de su práctica religiosa, conforme al Evangelio, especialmente notable en su forma de vivir personalmente la pobreza, en un entorno social de riqueza.
  4. Carácter pionero de su actividad benefactora, en el marco de la acción social de la Iglesia.
  5. Eficacia gestora e implicación personal en los proyectos de Beneficencia.
  6. Utilidad de su intervención en la actividad social de una ciudad: Barcelona, a la que ama profundamente, en cuya historia incide y de la cual es un gran personaje.

Carta panegírico de Don Juan Branda (1842-1927), salesiano fundador de los Talleres Salesianos de Sarriá y estrecho colaborador de doña Dorotea, al enterarse del inicio del proceso de su Beatificación:

Turín, 9 de junio de 1925.

“Doña Dorotea de Chopitea, viuda de Serra, era una santa mujer, de las más santas entre las muchas que he conocido en el trascurso de los años. Bien se puede afirmar de ella lo que San Jerónimo escribió de Santa Marcela, esto es: que fue la gloria de las matronas romanas. Así de esta gran Sierva de Dios se puede muy bien decir que fue la gloria de las damas de Barcelona.

¡Ojalá fueran bien conocidas sus virtudes, sus obras todas! Pero su humildad y sus deseos de ocultarse nos privan de conocer perfectamente los dones divinos y sus innumerables méritos al negociarlos con tanta fidelidad.

Lo que puedo asegurar de esta Sierva de Dios es que su vida fue un verdadero tejido de virtudes heroicas no solamente por las obras que realizó en honor de nuestra Santa Religión, sino también en provecho de la humanidad.

En su conducta particular resplandecía una piedad profunda, una fe propia de las almas santas, una admirable prudencia y una paciencia inalterable; una gran fortaleza de ánimo unida a una igualdad de humor que sobresalió en las frecuentes contrariedades; y en los acontecimientos adversos hacían de ella una verdadera heroína de la virtud. No le faltaron tribulaciones gravísimas y persecuciones de las cuales yo tuve noticia por ciertas circunstancias; pero su caridad supo siempre callar y soportar serenamente cuanto le acontecía.

Era muy penitente. Observaba escrupulosamente todos los ayunos a pesar de su avanzada edad. Tenía un celo tal que hubiera deseado difundir el Reino de Dios en todos los lugares donde todavía no había llegado. Las personas y familias que habían caído de su posición recibían de ella socorros y se valía para ello de tan acertadas industrias que raras veces se notaba.

Procuró vocaciones religiosas de ambos sexos y ella se encargaba de todos los gastos. ¡Cuánto habría que decir y aprender de esta alma tan santa si se supiera cuánto realizó!”